
Alguna vez Morton Feldman sugirió la idea acerca de que un pintor pinte cuadros y un compositor escriba partituras en última instancia podría responder a una convención asentada por la historia. Quizá esa curiosa sospecha era animada a raíz de sus investigaciones en las llamadas partituras gráficas tan típicas de la música de la posguerra. A propósito de estas ideas o, como nunca sabemos, arribando a ellas desde la composición surgió la idea de escribir esta obra. ¿Una música pintada o unas pinturas para ejecutar? No lo sabemos, tantas veces lo sugerente se halla entre mitades de alguna cosa o como diría Feldman, entre categorías, tiempo y espacio, sonido y silencio, pintura y música...
tres colores son cuatro páginas con cuatro dibujos correspondientes a los cuatro movimientos que la componen. Posee una instrumentación libre y una libertad completa para la ejecución; la restricción ocurre en torno a la sugerencia, podríamos decir, en lugar de la indicación. En cada movimiento hay un color en contraposición al negro de la ¿escritura?, por ejemplo en el primer movimiento: rojo, en el segundo movimiento: azul, en el tercero verde y por último en el cuarto la coexistencia de los tres más el negro que casi ha desaparecido. La obra además contiene citas de muchas convenciones musicales en primer lugar hacia la forma sonata clásica, dada por el ordenamiento de los movimientos y los tempi. Así el primer movimiento rojo, Allegro maestoso tomado de Beethoven, la cita al título de un famoso libro de Pierre Boulez y la palabra ascolta en referencia a la ópera de Luigi Nono y aplicada al silencio y la resonancia; el segundo movimiento lento, azul, toma una cita de Debussy (calme e doucement expressif de La fille aux chevaux du lin de los Preludios para piano) y un pequeño scherzando hacia el final antepuesto al tercer movimiento en reminiscencias formales beethovenianas. El tercer movimiento, rápido (verde) con la célebre cita Beethoveniana: muss es seyn? (Debe ser?) del famoso cuarteto op. 135. La pieza culmina con el Finale, los tres colores rojo, azul y verde (ritornello) con fragmentos de la trasformación ¿pictórico-musical? de los elementos intervinientes.
Si las vanguardias de la posguerra indagaron en la apertura del grano de la escritura musical para la exploración de nuevas posibilidades sonoras y formales, esto necesariamente vino de la mano de alterar las propias convenciones de grafía. De manera distinta, tiempo más tarde, podría decirse que tres colores es un homenaje a la Historia de la música, a la historia de su cifra.




