Alexander SolyenitzinLlovió de noche y ahora las nubes se deplazan por el cielo. A veces caen algunas gotas.
Estoy de pie bajo un manzano que ha terminado de florecer, y respiro.
No sólo el manzano, sino también los pastos que lo rodean, expanden aromas después de la lluvia, y no hay palabras para este sabor dulce y penetrante que impregna el aire. Lo aspiro con todos mis pulmones, siento el aroma en todo mi pecho, respiro, ora con mis ojos abiertos, ora con mis ojos cerrados, no sé cómo es mejor...
Tal vez esto sea la libertad, la única, pero la más apreciada libertad, de la cual nos priva la cárcel: respirar así, respirar aquí.
Niguna comida en la tierra, ningún vino, ni siquiera el beso de una mujer, me resultan más dulces que este aire, este aire embriagado con el florecimiento, la humedad, la frescura.
No importa que este sea un minúsculo jardín, encerrado entre las jaulas de fieras de las casas de cinco pisos.
Dejo de oir los escapes de las motocicletas, el aullido de los tocadiscos, los gritos de los altoparlantes.
Mientras se puede respirar después de la lluvia bajo un manzano, se puede vivir.
(c) Alexander Solyenitzin; Cuentos en miniatura. Emecé Ed. Buenos Aires. 1969.

1 comentarios:
luis, te felicito por tu blog. es una maravilla.
leerlo es como respirar debajo del manzano.
saludos.
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