

La madurez de las obras tardías de artistas importantes no se asemeja a la de sus frutos. Por lo general aquellas no aparecen tersas sino llenas de surcos, casi hendidas; intentan apartarse de la dulzura y se resisten, agrias, ásperas, a ser inmediatamente saboreadas; falta en ellas aquella armonía que la estética clasicista acostumbra a reclamar en la obra de arte y muestran antes la huella de la historia que la del desarrollo.
Con estas palabras comenzaba T.W. Adorno su pequeño ensayo dedicado al Estilo de madurez de Beethoven. Resulta singular el acto de demarcar la categoría de obras tardías, es decir las últimas obras de los artistas, como un espacio en donde pareciera se permiten concesiones antes rechazadas con firmeza u ocultadas de manera sutil.
Si pensamos en torno a esta categoría de obras últimas tenemos una abundante referencia histórica que viene a nuestra mente, en muchos casos acompañada de una literatura que bordea situaciones míticas muy conocidas. La Ofrenda musical con su tema escrito por el Soberano y el regalo del humilde servidor a Su Majestad. El dictado de El arte de la fuga debido a la ceguera de Bach hasta ese momento en que se detiene en la mitad de uno de sus contrapuctus. El Requiem de Mozart, compuesto por encargo para un difunto y a la vez su último opus. Ocurrió algo similar con el Concierto para Violín de Alban Berg, escrito como Requiem para la pequeña hija de Alma Mahler -con su famosa cita del coral bachiano Est ist Genug -Es suficiente- en el segundo movimiento; Berg murió poco tiempo después. En el concierto se consuma su maestría en orquestación y en el delicado equilibrio entre lirismo y forma, material y expresión que indagó a los largo de sus obras tales como el Kammerkonzert para violín, piano y trece instrumentos de viento, la Suite Lirica y sus óperas Wozzeck y Lulú entre otras. Morton Feldman en su período tardío en obras como Triadic memories, Palais de Mari y otras tantas piezas para piano o en grupos de cámara reducidos, vuelve a la escritura mensural luego de haber atravesado toda la experiencia de grafías no tradicionales como las analógicas y proporcionales. De su madurez serán las conclusiones a las que arribará con su concepto de tresillo retardado -ver el impecable trabajo de Mariano Etkin al respecto- en obras como el Spring of Chosroes para violín y piano. Un punto de contacto se puede establecer en esta idea de la búsqueda de direcciones en agrupaciones pequeñas como es el caso de las últimas piezas pianísticas de Franz Liszt, La lugrubre Gondola, la bagatela sin tonalidad y las Nuanges gris con toda su maravillosa primera sección de acordes aumentados sin resolución que como acordes errantes vagan por el cielo de centroeuropa. Un atardecer sin dudas en la historia de la música occidental. En esas piezas parece como si contempláramos un faro muy tenue en su fragilidad pianística, el germen de los materiales de las nuevas poéticas del futuro.
Lo que quiero decir respecto a estos compositores y a estas obras no radica en la mera historia que rodea la génesis de sus obras, tampoco hablar sobre las biografías de quienes, escribiendo los que fueron sus últimos trabajos lo hicieron atravesando avatares que en el orden vital son capaces de generar un sentido que rebalsa la critica de sus obras con elementos muchas veces extramusicales. Estos elementos las más de las veces desvían o perjudican la compresión de un programa o si se quiere unas inquitudes de los artistas que los acompañaron durante su vida. De la misma manera en que es posible decir el último Beeethoven, podemos reconocer que hay varios Beethovens a lo largo de su producción. Al mismo tiempo tiempo hay que indagar en cuáles fueron esas particulares inquietudes de aquél gran maestro de la forma que fue Beethoven. Sus inquietudes en cada momento e indagar si hubo alguna constante. Es posible que una haya sido lograr un equilibrio entre la concepción dramática en su raíz dialéctica y la cristalización en una forma autónoma, es decir la sonata. Como dice Gilles Deleuze, para que se sostenga en pie, las obras muchas veces realizan posturas acrobáticas.
Beethoven, compositor de acrobacias en sus obras tardías manifiesta claramente las palabras de Adorno, sus obras se encuentran arruinadas por la Historia, el contrapunto frente a la concepción dramática de la forma sonata. Sus últimas sonatas y sus cuartetos de cuerda y especialmente la gran fuga para cuarteto de cuerda op. 133, una catástrofe producto de la colisión del afecto barroco de la fuga y el drama del material de génesis dialéctico. Quizá por esa razón hacia este mismo tiempo comienza a emerger la variación -como en la op. 111 en el segundo movimiento- rondar alrededor del tema sin tiempo, demorando los lugares lejanos y las reexposiciones cada vez menos necesarias -la variación ya no es aquí algo que tenga vuelta atrás- como un viaje a lejanos países disfrutando el paisaje del camino.
El momento de lo tardío se identifica a la vez con la ausencia del ornamento, éste entendido como algo inesencial al material, hecha excepción de aquellas estéticas donde el ornamento es material naturalmente. Todo material para el artista tardío es monumento sin ornamento. La acción directa en el acto de componer. Si pensamos en John Cage, sus últimas obras entre las cuales encontramos las number pieces. En One (1987) tan solo tenemos información en la partitura de la duración -expresada en segundos-, altura y dinámica. No tenemos timbre -algo parecido a lo que ocurre con la musica theorica de El arte de la fuga y la Ofrenda musical. Una versión grabada de esta obra con piano llega a sobrepasar los veinte minutos, como quería Cage -que los sonidos sean-
Pero si el momento de las últimas obras es correlativa a un momento de la experiencia vital aquí se cruza algo en el orden de la biografía personal, el tiempo a recobrar, a expandir; la síntesis de las ideas. En Cage sus inquietudes acerca del silencio y la escucha. Desde la mítica 4:33 hasta la paradojal one5 (1990), sólo altura y duración, en los alrededores de esas islas-sonidos-faros, un océano de silencio.
Luis Menacho (c) 2007
imágenes
John Cage, One5, One. Peters corp. NYC
Los textos publicados en el blog no pretenden tener un corte estrictamente académico. Al contrario lo constituyen apenas reflexiones acerca de cuestiones estéticas que me interesa compartir con ustedes. Por esto son tan sólo bosquejos, las citas y obras nombradas son hechas de memoria esperando no alterar sustantivamente el pensamiento del autor. Si desea comentar alguno de los escritos siéntase bienvenido!

2 comentarios:
Excelente reflexión!! Los surcos son marcas individuales y personales que guían por el camino transitado. Una suerte de marvillosa y clara síntesis de la propia creación. Agrego las últimas obras de Brahms...las desorientadoras últimas obras de Schumann, por supuesto el gran monumento de Luigi Nono: Lontananza,Nostálgica,Utópica, Futura....
Hola Luis. Felicidades por el blog y gracias por la invitación a leerlos. Interesant post. Me pone un poco a pensar en qué pasaría si cada obra la hiciéramos pensando que es la última. ¿Hasta qué punto debemos ver hacia atrás y rescatar o desechar lo que ya hemos hecho?
Publicar un comentario en la entrada